Romero
Como ingrediente nos vamos a ocupar del romero, una especia cuyas hojas han sido utilizadas en la cocina mediterránea desde hace siglos, pero que, más allá de sus usos culinarios, forma parte indisoluble de esta cultura.
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Su nombre científico es el de “rosmarinus officinalis” y es propio de las latitudes mediterráneas, con un aroma muy especial que lo ha convertido en una de las especias indispensables en buena parte de la cocina mediterránea.
Efectivamente, desde siglos esta especia ha acompañado platos y guisos para realzar y aromatizar nuestros mejores platos, al tiempo que también se ha convertido en ingrediente fundamental en panadería y respostería, dando a todo producto en el que se acompaña un toque de aroma y sabor muy peculiar, característico de la cocina mediterránea más tradicional. Guisos, asados, frutas horneadas, roscos y rosquillas, rosquilletas, dulces de navidad de todas clases, licores, … El romero admite cualquier combinación en la que queramos recrear el sabor a campo, a naturaleza, por lo que está especialmente indicado en aquellos platos que tengan como ingrediente principal la carne de caza o en los que deseemos dar un toque tradicional y campero. El romero es un arbusto leñoso de hojas perennes que puede llegar a medir 2 metros de altura en algunos casos, de hojas pequeñas y verdes y tallo de color rojizo y corteza resquebrajada. Es típico de la costa mediterránea y favorecen su crecimiento las tierras áridas, secas, arenosas y soleadas, floreciendo dos veces al año, en primavera y en otoño. Pero, además de dar sabor y color a nuestras comidas más tradicionales, este pequeño arbusto cuenta con importantes propiedades que van más allá de sus propiedades culinarias. Efectivamente, el romero se ha utilizado como purificador del agua por sus propiedades antibacterianas y medicinales, lo que lo convierte en un excelente remedio para mitigar los síntomas producidos por los resfriados (perfecta para ello la miel de romero), así como para calmar algunas molestias musculares (ideales las friegas con alcohol de romero). No en vano, el romero cuenta con los siguientes compuestos, entre otros, cada 100 gr: 9,4% de proteínas y 59,2% de carbohidratos; 131 Kcal; 3,3 g de proteínas; 20,7 g de carbohidratos; 4,9 g de aceite; 26 mg de sodio; 2,8 g de grasas saturadas; 14,1 g de fibra dietética; 317 mg de calcio, 0,3 mg de cobre, 109 ugs de folato, 6,7 mg de hierro, 91 mg de magnesio, 1,0 mg de manganeso; 0,9 mg de niacina; 0,8 mg de ácido pantoténico; 66 mg de fósforo; 66 mg de potasio; 0,2 mg de riboflavina; 59 g de lípidos totales; 2924,0 UI de vitamina A; 0,3 mg de vitamina B6; 21,8 mg de vitamina C; 0,8 mg de vitamina E; 67,8 g de agua y 0,9 mg de Zinc. Con esas propiedades culinarias y medicinales no es extraño que el romero haya acompañado a la cultura mediterránea desde hace siglos, extendiéndose por todo el Mundo más allá de dichas propiedades y convirtiéndose en un elemento indispensable en celebraciones y ritos religiosos como símbolo de pureza y suerte. El romero, un ingrediente indispensable en la cocina mediterránea que va más allá de ese carácter primigenio, ya que está presente en nuestra cultura, nuestras tradiciones civiles y religiosas, cumple funciones medicinales y, sin duda, es también un elemento decorativo que da a nuestras casas un toque visual y aromático sin igual (una buena idea es plantar romero en una maceta de casa. Sólo necesitas una pequeña ramita y, con pocos cuidados, decorará tu hogar y en unos meses tendrás una bella planta que te proporcionará, además, el romero que necesitas para tus platos y decoraciones culinarias). Desde luego, un pequeño tesoro que nos ha llegado a nuestros días civilización tras civilización y que ofrece múltiples posibilidades en nuestro hogar.
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